Desde que me pusieron las gafas ya he tenido unas cuantas, no es que me hayan salido “malas” o que no las cuide, aunque a veces si que tengo que admitir que no las trato todo lo bien que debiera…
El problema está en que no encontramos las que mas se adapten a mi cara, bueno, mas concreto a mi nariz, que como dice un dicho “dichoso aquel al que a los suyos se parece” (o algo así que dice mamá) hago honor al mote de la familia de mi papá, que son “los chatos” y vamos, que no hay forma de mantenerlas en su sitio.
Mis papis tenían pensado cambiarnos los cristales de las gafas a los 2, a mi hermano y a mí, pero resulta que yo llevaba una temporadilla que las gafas parecía que hubiesen ensanchado o algo así porque vamos, que siempre las tenía en la punta de la nariz, aunque me las apretaran todas las semanas ( y menudo aburrimiento eso de oír todo el día “súbete las gafas!!”). Pues resulta que una vez en la óptica me encabezoné en que quería unas gafas nuevas, grandes, como las del hermano y mis padres cedieron, no creo que fuera por darme el capricho sino, mas bien, porque ellos ya habían pensado que las necesitaba. Así que, después de probarme muchas, todos coincidimos en que las que mejor me quedaban eran unas muy parecidas a las del hermano (como yo quería!!)
A ver si ya por fin dejo de oír “Pepe, súbete las gafas!!”
Jaja, si es que las llevabas todo el día en la punta de la nariz!!!
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